domingo, junio 25, 2006

El tesoro de los inocentes

El tesoro que no ves
La inocencia que no ves
Los milagros que van a estar de tu lado
Cuando comiences a leer de los labios
Y a ignorar los embustes y gustar
Con tu lengua de las aguas que son dulces
Aunque te sientas mal

Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía
No vas a regatear!

Un hermoso día el de hoy!
Ay! Qué bello día es hoy!
Está para desatar nuestra tormenta
Que va a tronar por el dolor
Juegan a "primero yo" y después a "también yo"
Y a "las migas para mí" y cierran el juego porque ya saben que...
el tonto nunca puede oler al diablo (vida mía!) ni si caga en su nariz

Esa mancha que está allí...
Por allí... en el suelo! allí!
Y en tu bella cicatriz Parece sangre y sin embargo sonreís

El tesoro que no ves! La inocencia que no ves!
El placer es tan oscuro como el culo de un topo negro y si no hay amor que no haya nada Entonces, alma mía
No vas a regatear!
Placer que es cruel... (Le echás el guante sin lágrimas...
a tu pena allí nomás) ..
y el mundo allí nomás

El sol cocina lento...

Placer que es cruel...
(Vos siempre estás con una excusa a flor de labios...
sin lágrimas..
Con tus dolores allí nomás, sin vida
Con tu sangre en el suelo...

jueves, junio 22, 2006

QUÉ HACE ESE CULO AHÍ???
















A ver... PORQUÉ HAY UN CULO??? QUÉ HACE ESE CULO AHÍ??? EH??? Uno no puede dejar de hacerse esas preguntas, como individuo y como patriota. Si podemos abstraernos ( y por favor, hagámoslo) del modelo protogay en pose de propaganda de jabón para el hippie sucio y suizo de hoy; nos encotramos en la ventana con un culo. Y uno no puede dejar de preguntarse, señor: Qué está haciendo ese pedante y omniciente culo. La respuesta no puedo dejar de darla, como es mi deber: ese culo es un artefacto del gobierno. Sí, sí señores. Como si no fuera suficiente con la SIDE o el espionaje del quindimilismo de base, el gobierno pone culos en las ventanas, vigilantes e impunes, para cagarnos arriba de un palo cuando lo crea oportuno. Por eso les digo: miren con atención al cielo: están por caer soretes de punta. A las pruebas me remito.

lunes, mayo 29, 2006

Mundial!

Si ya estabas cansado del mundial antes de que empiece, si odias las publicidades mufas, si cuando ves a miembro hablar bien de la selección te agarras la cabeza.
Acá hay un aporte de esta una niña llamada Mercedes que me llegó en un mail que esta transcripto a continuación

Has visto la cantidad de pelotudeces que giran entrono al mundial, estilo anécdotas, "El mundial en números", entrevistas sobre vida personal de jugadores, por qué éste o aquél en la selección, quinientos sponsors, doscientas cancioncitas pegadizas, blablabla. Bueno, yo también quise mi pelotudez del mundial, así que practicando el alpedismo (deporte de riesgo, sí sí sí) hice este archivito de imagen, muy rudimentario por cierto, para que lo postees en la página y que rueden los comentarios. Habría que poner un epígrafe que diga "En honor a La Natu" que fue la que nos dió la idea.
Beso, Mer.
En honor a La Natu que lo descrubió

lunes, mayo 15, 2006

La Lista

Estos son los sujetos que nos harán pasar verguenza en Alemania espero que Pekerman no le refleje su amargura a sus dirigidos

Arqueros:
Abbondanzieri, Leo Franco, Ustari;

Defensores:
Scaloni, Coloccini, Cufré, Ayala, Gabriel Milito, Sorin, Heinze, Burdisso;

MedioCampistas:
Lucho González, Maxi Rodríguez, Cambiasso, Mascherano, Aimar, Riquelme;

Delanteros:
Palacio, Crespo, Tevez, Messi, Saviola y Cruz.

La panadería de Bill

Cuando desarrollas un programa con la licencia GPL no puedes cobrar por su uso ni puedes establecer restricciones (salvo los que impone la licencia GPL). Pero aún así puedes cobrar por las horas que trabajaste en su desarrollo. Y el monto estipulado por la horas de trabajo es parte del contrato ynegociable entre ambas partes. En todo caso, eso tan solo lo que hace esigualar la industria del software con el resto de la humanidad, loszapateros no cobran periódicamente por el derecho de uso de los zapatos,lo pintores no cobran por el derecho de admirar sus obras , lospanaderos tan solo te cobran por el pan que te acabas de llevar, el panes tuyo te lo comes como quieras, con o sin relleno, remojado en leche oseco...Si Microsoft saca una panadería prohibiría que se pudiese hacer pancasero, te obligaría a comerlo con la mantequilla, el queso y el jamónMicrosoft y te cobraría periódicamente por la posibilidad de disfrute desus productos (aunque no los consumas). Si quieres darle pan a tus hijos(y no comértelo solamente tu) tendrás que pagar un monto adicional, ymucho menos invitar a comer pan a un vecino porque serías un pirata!

domingo, mayo 14, 2006

¿Malas Palabras?

La pregunta es: ¿Qué virtudes o defectos debe reunir una palabra para ser buena o mala?Son el uso y las costumbres los que definen el carácter de una palabra que escuchada por primera vez, sin ningún contexto, no tiene atribución posible. Muchas de las malas palabras están ligadas a lo sexual por la represión que hubo siempre en el sexo. Por eso tenemos miles de palabras para decir una: pene. El uso de las malas palabras también se liga con el carisma de una persona. Hay que saber cómo y cuándo decirlas y el que carece de gracia simplemente agrede.Hace muchísimos años fue muy comentada una película donde Sandrini decía "pelotudo". En ese aspecto la cosa se ha saneado y se ha sacado cierta cosa hipócrita. Hay palabras imprescindibles por sonoras, graficas y rotundas. Y, sí, habrá que decir que alguien "se hizo mierda contra una pared" en lugar de que simplemente "chocó".

Fontanarrosa
Clarín.com

jueves, mayo 11, 2006

AMAYA



Origen: Vasco

Significado: Principio del fin.

Festividad: s/f

Personalidad: Sus tendencias idealista unidas al respeto forman la base de su lealtad . Por una causa noble es capaz de luchar e incluso sacrificarse. Posee un gran coraje que le hace superar los obstáculos tanto físicos como psíquicos. La curiosidad estimula todas sus realizaciones intelectuales.

lunes, mayo 08, 2006

Las 8 reinas

Para que piensen un poco aca les dejo un problemita, es muy conocido y el mismisimo Gauss no pudo encontrarle una solución analítica al problema.
Es fácil hay que colocar las 8 reinas en un tablero de ajedréz sin que se comprometan unas a otras o sea no pueden estar ni en la fila ni en la columna ni en la digonal de otra reina. Espero haber sido claro.
Les deseo suerte jejejeje

miércoles, mayo 03, 2006

Algo sobre Mocco$oft o Microsoft...

...hay ya no distingo cual es el verdadero!!!
bueno poníendonos serios un momento acá les mando un pequeño artículo sobre la empresa del señor Bill Gates ( notese que en inglés bill es cuenta de guita y gates es puertas) que loco no?

Este artículo esta en la pagina del Proyecto GNU pero les recomiendo que entren a Filosfía del Proyecto GNU

¿Será Microsoft el Gran Satanás?

Muchos piensan que Microsoft es la amenaza monstruosa de la industria del software. Incluso hay una campaña para boicotear a Microsoft mientras que otros advierten sobre protocolos y formatos secretos. Este sentimiento se ha intensificado desde el momento en que Microsoft expresó hostilidad activa en contra del software libre.

En la comunidad del software libre, nuestra perspectiva es diferente. Vemos que Microsoft hace algo que es malo para los usuarios de software: hacer el software privativo y por lo tanto negar a los usuarios su derecho a la libertad.

Pero Microsoft no está solo en esto; casi todas las compañías de software hacen lo mismo a los usuarios. Si otras compañías hacen esto a menos usuarios que Microsoft, no es por una falta de intención.

Esto no intenta excusar a Microsoft. En cambio, es un recordatorio de que Microsoft es el desarrollo natural de una industria de software basada en la división de los usuarios y la remoción de su libertad. Cuando se critica a Microsoft, no debemos exonerar a las otras compañías que también hacen software privativo. En la FSF, no utilizamos software privativo alguno---ni de Microsoft ni de nadie más.

En los ``documentos de Halloween'', aparecidos al final de Octubre de 1998, los ejecutivos de Microsoft afirmaron la intención de utilizar varios métodos para obstruir el desarrollo de software libre: específicamente, diseñando protocolos y formatos de archivos secretos, y patentando algoritmos y características de software.

Estas políticas obstruccionistas no son nada nuevo: Microsoft, y muchas otras compañías de software, han estado haciéndolo por años. En el pasado, probablemente, su motivación era atacarse entre ellos; ahora, parece ser, estamos entre los blancos. Pero ese cambio en motivación no tiene consecuencia crítica, porque las convenciones secretas y las patentes de software obstruyen a todos, sin importar ``el blanco perseguido''.

Las patentes y el secretismo amenazan al software libre. Estas nos han obstruído grandemente en el pasado, y debemos esperar que lo harán más en el futuro. Pero esto no es diferente de lo que iba a pasar incluso si Microsoft no nos hubiera notado. El único verdadero significado de los ``documentos de Halloween'' es que Microsoft parece creer que el sistema GNU/Linux tiene un gran potencial para el éxito.

Gracias Microsoft, y por favor, quítate del camino.

viernes, abril 28, 2006

Linux es el cancer de América

Linux es el cancer de América (traducción)
Vía meneame.net, he encontrado el artículo "Linux, la amenaza europea", que habla sobre una entrada en el blog Shelley, The Republican. En él, se muestra a Linux como un cancer que intenta destruir Estados Unidos, mientras que Microsoft es el paladín de todo lo bueno y honorable que representa la nación americana. Después de leerlo, me ha sido imposible decidir si es una broma o si el autor está completamente trastornado. No he podido resistirme a traducirlo y ponerlo aquí. Ahí va (perdón por los fallos que pueda tener la traducción)

Como la mayoría de las cosas que merece la pena poseer, los ordenadores son un invento americano. Échale un vistazo a cualquier ordenador moderno y verás que es producto del ingenio americano.
Por ejemplo, este robusto portátil IBM que estoy utilizando fue diseñado y construido por una compañía americana. Funciona con software desarrollado por Microsoft, una de las organizaciones americanas más productivas. Mi ordenador hace todo lo que pueda necesitar: puedo realizar mi trabajo, presentar mis impuestos e incluso buscar en la Biblia.
Al igual que toda la gran ingeniería americana, es un ejemplo de innovación que pone celoso a un creciente grupo de hackers europeos y chinos. Odian nuestro liderazgo en tecnología informática y no se detendrán ante nada hasta que hayan tomado el control de todos nuestros ordenadores.
Estoy hablando de un proyecto llamado "Linux", algo con lo que quizás aún no te has topado, pero puede que algún día lo hagas.Es un programa de ordenador que, en un principio, fue desarrollado en Finlandia como un intento de evadir los derechos de copyright y las patentes de una compañía americana llamada SCO Group.
A diferencia de Windows, que es un producto comercial ya maduro (habitualmente incluido en todos los ordenadores nuevos), Linux es regalado. Puede que no parezca un gran problema; después de todo, hay un beneficio mínimo regalando un producto.
Ésto sería así si no fuera por la seductora ideología Marxista del proyecto Linux y el effecto que tiene los liberales de los Estados Azules (n.t: el azul es el color de los Demócratas Norteamericanos. Según ésto, los Estados Azules son los gobernados por dicho partido). De hecho, Linux está tan extendido y asentado entre los Estados Azules y muchas de las universidades liberales que uno de los mayores expertos en computadoras, Steve Balmer (de Microsoft) ha descrito Linux como un cancer.
La industria americana de software está valorada en más de de 7.000 millones de dólares; introduciendo un producto extranjero como Linux, el cual a menudo se distribuye gratuitamente, podría amenazar a toda la industria. Una generación de usuarios podría acostumbrarse a aceptar software extranjero antes que pagar por un producto americano de calidad superior. ¡Si tan sólo el peligro afectara a nuestra economía!:
Hoy en día, los ordenadores controlan todo; desde emisoras de televisión hasta buques de guerra. Nuestra infraestructura de defensa e información crucial están contruidos sobre tecnología informática. Si consentimos que este cancer se introduzca en nuestras redes, no sería posible predecir el efecto que tendría en nuestra infraesctuctura, y eso es justo lo que los liberales están intentando hacer.
Imagina si el discurso del Estado de la Unión fuera hackeado porque la emisora de televisión decidiera ahorrarse dinero utilizando Linux. Imagina si un bombardero espía se estrellara porque su software fue escrito por hackers chinos o europeos. Tendría el mismo sentido que invitar a los francese a venir a que invadiesen la Casa Blanca.
¿Y sabes que software utiliza Osama Bin Laden en su portátil?
Si has pensado que es Linux, has acertado del todo. Osama utiliza Linux porque esta diseñado para piratear DVDs, para saltarse el Acta de Copyright Digital y para defraudar a compañías como Disney.
La próxima vez que alguien te pregunte cómo financian los agentes de Al Queda sus rifles y sus lanzamisiles, puedes contestarle que unos hackers extranjeros hacen un software llamado Linux que les ayuda a robar a los americanos.
El problema de Linux es un tema que está creciendo y que los conservadores americanos no se pueden permitir ignorar. Por suerte, Microsoft ha preparado una gran cantidad de información para ayudar a los usuarios a mantenerse alejados de esta amenaza. Y hay algo que tu puedes hacer para ayudar a que América siga siendo el número 1 en el sector de la informática:
Si uno de tus amigos está usando Linux o pudiera estar tentado a probarlo, enséñale este artículo. Explicale que Linux es una seria amenaza y que si lo utiliza podría estar dejando las puertas de su ordenador abiertas a hackers chinos.
Si ves que una compañía utiliza Linux, es posible que no hayan pagado por ese software. Denúncialos ante la Alianza de Empresas del Software, quienes tienen la autoridad legal de inspeccionar los ordenadores de cualquier empresa en busca de cualquier programa ilegal, como Linux.
Por último, recuerda añadir a los usuarios de Linux en tus oraciones esta noche. Como individuos, puede que no seamos capaces de cambiar la mentalidad de la gente, pero la Biblia nos enseña que Dios puede hacer que cualquier pecador se arrepienta.

lunes, abril 24, 2006

Discurso de Alfredo Casero en el último programa

Discurso de Alfredo Casero en el último programa

Me acuerdo cuando yo era chico que aveces me enfermaba. Bueno, como todos. Todos nos enfermábamos cuando éramos chicos, a menos que Superman, Batman y esos giles que no se enfermaron, que se yo. Y que venia una señora que me hacía algo parecido a... (Se da unas palmaditas en el dorso de la mano) y me dejaba la aguja clavada. Tengo que hacerlo de sopetón, como esa señora.
Hoy es el último programa de Cha Cha Cha. Si bien hay algunos que... bueno... lo ignorarán, hay muchos otros para los cuales este programa era importante. Importante porque era el programa con el que se reían. Ami me daría pena que lo levantaran. Incluso me dio pena que se levantara algún programa que yo quería. Nosotros sabemos que hay mucha gente que nos quiere... y mucha gente que... no nos ve. Por eso hicimos una serie de reformas, tratamos de... pero la gente no vino.

Sería mentiroso si le echara la culpa a cuatro o cinco "infradotados, mentecorta que mandan cartas a los anunciantes para...", mentira. Quedaría bárbaro, quedaría como: "¡Mirá! ¡Levantaron el programa porque por la censura, loco...!". No, eh, no es así. No les voy a regalar tan fácilmente a estos señores esa bandera que después ellos enarbolan, los cuatro que son, porque de alguna manera esta gente me hace un gran favor... Son los que nos obligan a revelarnos y los que nos ayudan a encontrar el horizonte... quien es la gente que nos hace sentir mal... A la gente que... cristianamente... perdonamos.
Porque la idea nuestra es, con este programa, construir. Y sabemos que hay mucha gente, a la cual, este programa le hacía bien, una caricia en el alma. Con las guarangadas que aveces decíamos y con esa mitad y mitad, como hablábamos el otro día con Capusotto. A nosotros nos gusta la cosa refiné y también nos gustaba esa cosa graciosa que tiene el meter los dedos en la mayonesa, ¿no?... Para buscar una aceituna o...

Bueno, a todos los que nos siguieron, para los que fue importante este programa, les agradecemos mucho y les mandamos un beso de parte de Fabio, de Capusotto, de la Pipi, de Moshner, de Marín, de Lito, de Céspedes, de la Sznaider y mío.
Otra de las cosas que quería decirles es que es comprensible que no estemos más en la televisión. Ustedes ven... que no hay lugar para nosotros. Este programa no tiene un lugar. Este programa es excesivamente "caro", es excesivamente "poco comercial". Este programa es, como fue al principio... y como termina siendo. Este programa termina siendo como empezó siendo.

Bueno, chau.

Alfredo Casero

miércoles, abril 19, 2006

¿PAPA O PALPATINE?


¿A quíen les hace acordar? ¿No les da miedito?

¿Era más divertido el otro papa?

lunes, abril 17, 2006

THE AFTER MIGRE ECSPERIENS

"THE AFTER MIGRE ECSPERIENS UNA ODA POST MODERNA..."

Como dije anteriormente apoyo al teatro independiente, así que o los veo ahí o hay tabla,
¿Me entiende?


ÚNICAS DOS FUNCIONES:
Domingos 30 de abril y 7 de mayo, 18:15 Hs.
en "La Salita, espacio cultural" (Hipolito Yrigoyen 1862, en frente al congreso. Tel: 4383 6615)

Entrada: 5 pesitos


Zaida Mazzitelli, Gabriel Belek, Juan Mota, Emiliano Delucchi.
Llamá para reservar! no te quedes sin entrada!

Más información en http://www.fotolog.com/cartelera_teatro
migre_ecsperiens@yahoo.com.ar

domingo, abril 09, 2006

Lo dijo un groso

Si el enemigo se siente abatido, recuérdele que su familia está lejos y que mientras siga la pelea él se estará perdiendo el crecimiento de sus hijos. Si está feliz, recuerdele de la existencia de su familia política, en especial de los cuñados que tienen sexo con sus hermanas.

Ricardo Vaporeso. De la desmoralización del enemigo.

miércoles, abril 05, 2006

Creveza al aire libre y con el Indio...

Creveza al aire libre y con el Indio...
Que se ponga el sol. Que se calle el cielo. "Todo un palo". Bocinas que escupen piñas directo a la sien. Taparse los oídos de autista, ver con los ojos cerrados las puestas de sol y los amaneceres. Para no carbonizarse caminar hacia las brasas.
Hoy que todo es grupo, buscar el rock en la companía; jaque mate a la cama de ambulancia, hacerle hijos al destino fanfarrón, vencer a la derrota y a la mala jornada.
Está ahí la imagen de la belleza, escondida en el gris del adoquín. Es una enfermera con las piernas largas y los ojos del infinito. Es el día en la basta noche. Es la puesta del sol negro...
La que más quiero, mi compañera.
Atrás el cielo y yo nublando el color. A veces pasa que sos un amrago bombón. El dulce arrastra el corazón por peldaños de caracol. Cerrrás las alas y negás ser un ángel hoy: los perdedores saben de soledad. Remontás vuelo con tu motor y le ganás a la verdad.
Un Peatón

Entrevista al Indio Clarin Domingo 02.10.2005

Ahí está el hombre más misterioso del rock argentino: sentado, las piernas cruzadas, ropa deportiva, la pelada brillosa. Lo del misterio comienza a diluirse pronto: la personalidad que asoma es la de un señor serio, amable, charlista incontinente. Carlos "El Indio" Solari invita café y medialunas y deja husmear su oficina/estudio Luzbola: fotos de su mujer, Virginia; una guitarrita de su hijo Bruno, de cinco años; discos, libros, una computadora portátil, un par de teclados, una colección de papel para armar cigarros, una foto que lo muestra en las escaleras de un típico sótano de rock neoyorquino, los dibujos originales que ilustraron el disco solista debut El tesoro de los inocentes (bingo fuel) y un equipo de música más o menos moderno.

Del equipo se escuchan fados de Amalia Rodrígues.

"Ando con mil proyectos. Pero estoy tratando de no moverme más rápido que mi alma. Tengo 56 pirulos. La edad hace que ya no tenga el vértigo de antes." Son los primeros diez minutos de una entrevista que, entre digresiones, divagues y comentarios domésticos, duró exactamente cuatro horas. Como en los viejos tiempos de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, las entrevistas son escasas pero en condiciones ideales. Y en circunstancias precisas: en este caso, la promoción de los primeros shows en vivo como solista el 12 y 13 de noviembre en el Estadio Unico de La Plata. "Son dos fechas, un montón de gente. No sé cuántos irán."

¿Tenés dudas?

No. El disco se vendió muy bien. Yo me planteé qué buscaría la gente en un concierto mío. El material del disco solista, por supuesto, pero creo que básicamente quieren volver a escuchar las canciones de los Redondos cantadas por mí. Y con los mismos arreglos con los que fueron grabados. Va a sonar muy power, porque la banda es muy power (Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Aramberri en batería, Pablo Sbaraglia en teclados y samples). Y van a ser temas emblemáticos: Susanita, El pibe de los astilleros, El héroe del whisky más, Fuegos de octubre, Doctor Saturno, Juguetes perdidos, por supuesto Ji, ji, ji. Quiero que la gente la pase bien.

Cada rato repite eso de "tengo 56 pirulos". El paso del tiempo, parece, lo obsesiona. También su imagen pública. Critica duramente una biografía reciente y hace poco probó escribir Indio Solari en el buscador Google. "Me asombró lo que cree la gente de mí. Y lo del libro es un disparate total. Cualquiera cuenta cualquier cosa. Ese libro es la historia de los Redondos contada por cualquiera, y por Poli y Skay; eso le pasó a ellos. Yo nunca fui un hippie bucólico, no tengo nada que ver con La Cofradía, difícilmente encuentres mostacilla y sahumerio en mi vida. Siempre fui urbano, se nota en las letras."


¿Por qué creés, entonces, que tu figura genera esos malentendidos?


Mirá, a la gente le cuesta entender que uno cambia permanente mente. Uno a veces posee cosas que no poseía, los amigos te abandonan o te engañan, vos cometés las mismas tropelías que ellos, uno cambia de quimeras, tiene otras. Entonces cuando vos no describís públicamente tu vida, la describe otro. Y queda un monstruo construido del cual no me puedo hacer cargo. Es incómodo para mí, pero ya me rendí al respecto.


Cuando hablás de cambio de quimeras, ¿de qué hablás?


Yo abandoné la bohemia hace unos años. Me resultaba repetido el desfile de personajes y el gasto físico y de salud era muy grande para lo que estaba recibiendo a nivel emotivo. Ahora tengo más tiempo para melonear y te puedo decir que lo que realmente me importa es hacer canciones, dibujar, escribir, pintar. Zozobraron los sueños colectivos, a partir de los '80 vino esa cosa del individualismo. Por supuesto que me gustaría que existiese otro diseño de vida. A mí me gustaría vivir de otra manera, me resisto a la bestialidad y la brutalidad que la pobreza extrema lleva a una sociedad. Y son años y años de una economía de ultra pobreza. Pero esto es así. Soy un tipo normal, no sé, veo televisión como cualquiera. Lo único que me tomo muy en serio es mi obra. Tengo una mujer y un hijo al que quiero ver crecer. Trato en lo posible de espiarlo yo a él y que él no me espíe a mí. Bruno no sabe nada... sólo que el papá canta porque, bueno, alguna revista llega, y los vecinos y los padres de sus compañeritos hablan. Nada más.
Hace un rato decías que, para tus shows de noviembre, pensabas en qué querría la gente. ¿Sabés que en los conciertos de Skay cantan eso de "sólo te pido que se vuelvan a juntar"?

Sí. A mí me encantaría que nos juntáramos. Yo haría el esfuerzo.

¿Seguís sin hablar con Skay?

Hablamos últimamente porque tenemos que vernos, más que nada por intereses en común, cosas que quedaron, cosas que podrían hacerse con material grabado, videos grabados de los conciertos de Racing y de River.

¿Por qué se separaron finalmente Los Redondos?


Son problemas que hemos tenido en la intimidad. Bastante duró la joda. Digo: fueron casi treinta años. Cada uno tiene la personalidad que tiene. Sé que soy medio nazi y exigente con un montón de cosas, que no relego mis voluntades y mis caprichos con facilidad. Qué sé yo, todos tenemos defectos. Y al querer ser honestos con nuestros sentimientos, el proyecto del cual pendían miles de personas se diluyó en la nada. A mí eso no me gustó. Yo prefiero —por más que cada uno esté entusiasmado con proyectos personales— tratar de hacer una despedida mejor. A mí me quedó un sabor agrio. Cuando miro para atrás, a veces está nublado.

¿De qué más hablaste con Skay?


No, eso. Nos mandamos cariños, esas cosas. El está atareado con sus proyectos y yo con los míos. Supongo además que el resto de los chicos de la banda también quedó resentido. Yo creo que es algo difícil de volver a capturar. Pero yo tengo la voluntad para juntarnos. A mí no me pasaron cosas más importantes en la vida que formar parte de una banda como los Redonditos.

Ofrece más café de un termo. El sol entra a través de una persiana americana, débil, casi horizontal. La casa del Indio es de campo, amplia, cómoda, con obreros trabajando y varios perros ovejeros alemanes encerrados en la entrada. Queda en la zona de quintas de Parque Leloir. "Algunos periodistas entraban como si esto fuera Xanadú. Y es mi casa, una casa de alguien que vive bien... pero nada más", parece justificarse. Solari maneja un ancho espectro de temas y cuando se afloja hasta es capaz de confesar que le gusta cantar tangos. "No te rías, los canto bastante bien. Me gustan tangos como Ladrillo, esa onda, no los más junados. Me gustaría alguna vez formar una orquesta típica y cantar. Esto no deja de ser un disparate, okey, pero me gustaría." También habla de cómo se fascinó con gente como Gilberto Gil, Caetano Veloso y Chico Buarque en un viaje que realizó por Brasil ("esa lírica impresionante") y recuerda a Luca Prodan: "Acá los muertos son invencibles. Yo rescato también el talento en algunas líneas de texto de Roberto Pettinato".

Y define, o intenta definir, los proyectos de los que hablaba al principio. "Ya tengo como cincuenta temas para el próximo disco y también el arte de tapa y el título. Pero no te lo voy a decir. Lo que sí te digo es que va a ser un disco más crudo que el primero, con más guitarras que máquinas. También tengo compuestas unas músicas que yo llamo fractales porque tienen que ver de alguna manera con la geometría. No tienen formato de canción, no sé si serán músicas incidentales de alguna película o si irán a parar a algún álbum extraño... Sigo escribiendo El delito americano, que es gigante. A veces creo que debería usar esa música para hacer una película cuyo guión sea justamente El delito americano. Pero no me imagino con actores. Creo que debería ser algo con dibujos animados. Por último, tengo craneado un disco con algunos músicos muy grosos de acá sobre covers en español de temas del rock sajón, como Trufas en el Savoy, de Los Beatles." No dice más.

En un rincón, algunas botellas de bebidas varias (whiskies, tequilas) se mezclan con compactos. Alguien llama por teléfono para informar que el almuerzo está listo. "Vayan comiendo ustedes", pide. Mira al cronista y dice: "Sigamos".


¿Qué opinás de la tragedia de Cromañón?


No es mi intención hurgar en llagas y heridas, pero tengo mi punto de vista. Yo no lo puedo ver a Chabán como un asesino. Ni siquiera como un empresario. Para mí es un artista. Creo que lógicamente se tiene que hacer responsable porque le explotó a él. Pero hay que ver todo esto en el marco de las inseguridades que tiene nuestra sociedad. Yo nunca he tenido una relación profunda con Chabán, hemos, sí, tocado en Cemento. Y en otros lugares peores. Yo he tocado en lugares donde no se murió nadie de pedo. Es así. No hay que ser hipócrita. Quiero dejar de lado el desgarrador dolor de los padres, respeto ese dolor con el alma. Pero no le podemos dar conciencia social a un grupo de padres desesperados, porque ellos pretenden algo muy parecido a la venganza. En fin, todo el país está dentro de los parámetros de seguridad de Cromañón. Y no son los parámetros de Bélgica o Suiza. Son parámetros de Tercer Mundo.


¿En qué sentido?

Es todo así. El Dodge 1500 que va por la autopista con la rueda floja... Se le sale y nos matamos cinco. El verdulerito que va con su chata a buscar verdura al Mercado... Es esa chata, no puede tener una segura. Porque no puede laburar, no le da el filo. Igual, no quiero meter todo en la misma bolsa. Hace poco leí en una entrevista con León Gieco que hablando de Cromañón metió el tema de Walter Bulacio. No tiene nada que ver: a Bulacio se lo llevó la policía de afuera del estadio de Obras y lo mató en una comisaría. Meterlo alegremente para hacer número de gente siniestrada me parece que no está bien.

El Indio y ...


El Diego

"Todo comenzó en el programa de radio de Pergolini. Quedó como que le dije no a Maradona. Y no fue así. Me llamó Claudia Maradona para invitarme al programa y me excusé y le dije que respeto mucho la personalidad pública de Diego y ni hablar de las destrezas deportivas que uno quisiera que no hubieran terminado nunca, pero que yo me muevo mal en esas situaciones. Yo no puedo ir al programa a jugar a la pelotita. No me sale. Me siento muy incómodo, como cuando me sacan una foto."

¿Por qué funcionás así?


Son taras que tengo, fobias más fuertes que el cariño que puedo tener por alguien. No sé, el mundo está tan acostrumbrado a estas cosas que parece que uno estuviera despreciando... Y yo... ¿Cómo lo voy a despreciar a Maradona?


El fútbol


Sobre su escritorio, debajo de lapiceras, un mini-discman y una hoja con una lista de asuntos para encargarse con vista a los conciertos de noviembre (vestuario, puesta, seguros...), asoma un taco de papeles de Boca Juniors. "Siempre fui de Boca", dice con naturalidad. Muchos creían que era hincha de Estudiantes por aquel verso de donde se matan hoy el Pincha y los Canallas de Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina. En la biografía de Gloria Guerrero se dice que es de Boca y de Gimnasia. "Tengo amigos pinchas y triperos y he ido a las dos canchas. Pero siempre fui de Boca." Confiesa un amor inusitado por el fútbol: "Veo todo. Pero todo, eh. Hasta Arsenal. Los domingos veo los dos partidos codificados al hilo..."

¿Tu mujer no dice nada?

Por suerte la casa es grande.


El rock nacional


"No soy fan del rock argentino, pero hay cosas que me interesan." Tiene unas cajas repletas de discos que le envía una distribuidora amiga. Y ahí va pispeando. Habla de la importancia de la producción artística. "Las cagadas que hicimos con los Redondos fueron porque no queríamos que nos produjera nadie. Fuimos aprendiendo solos y así quedaban cadáveres de canciones en el tiempo. En su momento a mí me hubiese gustado producir a Catupecu Machu." Y sigue: "Me gusta cómo escribe Ciro de Los Piojos, también esa cosa down-Nick Cave-balcánica de Pequeña Orquesta Reincidentes. La otra vez vi un show por televisión, en Tribulaciones, de Fernando Samalea: me gustó mucho. Y bueno, algunas canciones de Calamaro me siguen pareciendo muy simpáticas".

miércoles, marzo 29, 2006

"The after Migré ecsperiens" una oda post moderna...

En apoyo al teatro independiente y a mis amigos les presento esta dignisima obra.
Espero verlos ahí sino tabla... Me entendió!!



"The after migre ecsperiens... una Oda posmoderna..."

Únicas dos funciones: Domingos 30 de abril y 7 de mayo, 18:15 Hs. en "La Salita, espacio cultural" (Hipolito Yrigoyen 1862, en frente al congreso. Tel: 4383 6615)

Zaida Mazzitelli, Gabriel Belek, Juan Mota, Emiliano Delucchi.

martes, marzo 28, 2006

EL ARO

En una de sus encantadoras y candorosas expresiones, que llegarían a ser conocidas por todo su público televisivo, el doctor Hepplemeyer atribuyó su éxito en la ciencia no a su talento sino a su nombre. ¿Se imaginan lo que significa llamarse Julius Hepplemeyer para toda una vida? Cuando uno es Julius Hepplemeyer, se ve obligado a trascender el nombre, o se conforma con perecer.
Había recibido el Premio Nobel en dos oportunidades, antes de perfeccionar el aro, lo que era prueba de que verdaderamente había trascendido su nombre. Al agradecer la distinción, hizo gala de lo que la prensa dio en llamar «las joyas de Hepplemeyer», es decir, dichos o sentencias como éstas: «La sabiduría obliga al hombre a actuar tontamente», «La educación impone una búsqueda de la ignorancia» «La solución siempre hace necesario el problema».
Esta última sentencia se aplicaba perfectamente al aro. El doctor Hepplemeyer nunca había tenido la intención de curvar él espacio, algo que le parecía presuntuoso.
- Sólo Dios puede curvar el espacio - repetía con insistencia -. El hombre simplemente busca, y a veces encuentra.
- ¿Cree en Dios? - le preguntó con ansiedad un periodista.
- En un Dios irónico, sí. La prueba de su existencia está en la risa. Una sonrisa es la única expresión de eternidad.
Hablaba de esa manera sin ningún esfuerzo especial, y las personas muy observadoras se daban cuenta de que pensaba de esa manera. Su mujer era una persona muy observadora. Una mañana, durante el desayuno, mientras él se disponía a comer un huevo pasado por agua, le explicó que todo vuelve a sí mismo.
Eso le causó una gran impresión a su mujer, aunque sin saber por qué.
- ¿Incluso Dios? - le preguntó.
- Especialmente Dios - contestó él, y durante los dos años siguientes trabajó en el aro. El decano de Ciencias de la Universidad de Columbia le facilitó las cosas, permitiéndole que diera sólo una clase por semana. Se lo ayudó de todas las maneras imaginables. Después de todo, estaban en la Era de Hepplemeyer. Ya Einstein había muerto, y Hepplemeyer se veía obligado a recordar a sus admiradores que si bien la Ley del Retorno de Hepplemeyer había abierto nuevos caminos a la física, de cualquier manera descansaba sólidamente sobre la base de la obra de Einstein. Pero su modestia caía en oídos sordos. El suplemento semanal del «New York Times», que antes sacaba seis artículos por año sobre algún aspecto de la obra de Einstein, ahora había reducido los artículos a tres, mientras dedicaba siete a Hepplemeyer. Isaac Asimov, continuamente dedicado a esclarecer los misterios de la ciencia, dedicó seis mil palabras a una explicación popular de la Ley del Retorno, y aunque hubieron pocos que la entendieron, sirvió de tema de conversación de sobremesa a miles de lectores intrigados. No hubo muchos egos averiados, ya que el mismo Asimov calculaba que sólo unas doce personas en el mundo entendían realmente las ecuaciones de Hepplemeyer (y el no se incluía entre ellas).
Mientras tanto Hepplemeyer estaba tan absorbido en su trabajo que hasta había dejado de leer lo que escribían acerca de su obra. Se quedaba trabajando en el laboratorio toda la noche, ayudado por sus jóvenes colaboradores, llenos de entusiasmo, que más que asistentes pagos eran discípulos suyos, hasta que logró dar forma a su matemática, transformándola en un aro de reluciente aluminio, construido con un caño de seis pulgadas de diámetro. El aro era un círculo de doce pulgadas de diámetro. Dentro del caño de seis pulgadas había una espiral de enmarañados y finísimos alambres. Según explicaba a sus alumnos, en realidad estaba construyendo una red en la que tal vez lograría atrapar un tirabuzón de las interminables circunvoluciones del espacio.
Como es natural, en seguida se retractó de sus imágenes.
- Somos tan limitados - explicó -. El universo está lleno de innumerables maravillas para las que carecemos de nombres, para las cuales no tenemos palabras, ni siquiera conceptos. ¿El aro? Eso es diferente. El aro es un objeto, como pueden ver.
Llegó un hermoso día de sol en el mes de abril, en que el aro estuvo por fin terminado, y profesor y alumnos lo llevaron triunfalmente a mostrar a la universidad. Fueron necesarios ocho jóvenes robustos para transportar la estructura de hierro en la que descansaría el aro. Estaban presentes la prensa, la televisión, unos cuatro mil estudiantes, cuatrocientos Policías, y muchos representantes de la vida, normal y anormal, de Nueva York. El centro de la Universidad de Columbia estaba tan lleno de gente que los policías tuvieron que despejar una parte para dar paso al aro. Hepplemeyer les rogaba que apartaran a la multitud, porque podría ser peligroso. Odiaba por igual la violencia y la imbecilidad, y por eso pidió por favor a los estudiantes que evitaran los líos que son casi inevitables cuando hay demasiados estudiantes y policías juntos.
Uno de los policías le prestó una bocina, y el profesor, declaró:
- Esto es sólo una prueba. Es casi imposible que resulte. He calculado que en cualquier área de equis metros cuadrados, posiblemente sólo unos centímetros cuadrados sean receptores. Así que, como ven, las probabilidades que tenemos no son muchas. Deben dejarnos lugar libre. Deben permitir que nos desplacemos.
Los estudiantes se sentían bien bajo la influencia de la marihuana y de otras sustancias tranquilizantes, en ese luminoso día de primavera. Además. adoraban a Hepplemeyer, a quien consideraban como a una especie de Bob Dylan del mundo de la ciencia. Por eso prestaron su colaboración, hasta que finalmente el profesor encontró un lugar que le venía bien, e instalaron el aro.
Hepplemeyer lo observó pensativamente durante un momento y luego empezó a buscar algo en sus bolsillos. Encontró una goma de borrar grande, de color gris, y la tiró al aro. Lo atravesó y cayó al suelo, del otro lado.
El cuerpo de estudiantes (como el de la prensa) no tenía idea de lo que debía sucederle a la goma, pero la expresión abatida de Hepplemeyer decía bien a las claras que fuera lo que fuese, no había ocurrido lo que debía ocurrir. Los estudiantes aplaudieron en señal de apoyo comprensivo y Hepplemeyer, reconfortado, anunció por la bocina:
- Probamos de nuevo, ¿no?
Los dieciséis jóvenes robustos levantaron la estructura y el aro y los llevaron a otra parte del patio. La multitud los siguió respetuosamente, con el mismo aprecio con que el público sigue a los jugadores en un campeonato de golf. Las cámaras de televisión también los siguieron. El profesor volvió a repetir el experimento. Esta vez tiro una pipa vieja por el aro. Igual que la goma, la pipa atravesó el aro y cayó del otro lado.
- Volveremos a intentarlo - dijo a la multitud -. A lo mejor nunca lo logramos. A lo mejor no servirá de nada. Antiguamente la ciencia era algo mecánico y predecible. Hoy, dos y dos pueden ser el infinito. De cualquier manera, era una buena pipa y me alegro de recobrarla.
Entonces se hizo evidente para los presentes que lo que se arrojaba a través del aro no debía pasar al otro lado, y si no fuera Hepplemeyer quien hacía el experimento, sino alguna otra persona, la multitud de estudiantes, camarógrafos, reporteros y policías se habrían retirado disgustados. Pero era Hepplemeyer, y en lugar de dispersarse enojados, su fascinación por el experimento fue en aumento.
Se eligió un nuevo lugar, y se volvió a instalar el aro. Esta vez el doctor Hepplemeyer seleccionó una lapicera fuente de su bolsillo, obsequio de la Academia, con la inscripción Nil desperandum. Quizá con plena conciencia de inscripción arrojó la lapicera a través del aro, y esta vez el objeto desapareció antes de completar su trayectoria. Simplemente, desapareció.
Hubo un gran silencio durante un momento muy largo, y luego uno de los jóvenes asistentes de Hepplemeyer, llamado Peabody, tomó el destornillador que había usado para levantar la estructura, y lo arrojó a través del aro. Desapareció. El joven Brumberg hizo lo mismo con el martillo. Desapareció. Todo desapareció: la llave inglesa, las pinzas, las tenazas.
La demostración fue suficiente. Un aplauso estruendoso y triunfal atravesó la universidad, llegando hasta la ciudad. Entonces todos se contagiaron. Empezó una estudiante que arrojó su volumen de poemas de E.E.Cummings a través del aro. Desapareció. Siguió una cantidad suficiente de libros como para formar una pequeña biblioteca. Todos desaparecieron. Luego una lluvia de zapatos, cinturones, pulóveres, camisas. La gente tiraba lo que tenía a su alcance, y todo desaparecía.
El profesor Hepplemeyer trató, en vano, de impedir la lluvia de objetos que arrojaban. Su voz no se alzaba por sobre la algarabía de los enloquecidos estudiantes que habían presenciado cómo se desmoronaba la realidad básica como coronación de todas las verdades y virtudes de cuyo desmoronamiento habían sido testigos otras generaciones. El profesor Hepplemeyer trató de advertirles del peligro, pero también en vano.
Entonces se destacó de la multitud Ernest Silverman, campeón de salto en alto y estudiante distinguido, ciudadano de Filadelfia, para formar parte de la historia.
Con toda la exuberancia y despreocupación de la juventud, se arrojó por el aro, y desapareció. Y de inmediato la risa y los gritos se convirtieron en un silencio frío y espantoso. Igual que los niños que habían seguido al flautista, Ernest Silverman se había esfumado, y con él las esperanzas y las fantasías. Empezó a soplar un viento helado.
Algunos arriesgados quisieron seguir el ejemplo, pero Hepplemeyer se interpuso en su camino y por la bocina les rogó que se dieran cuenta del riesgo que corrían. Con respecto a Silverman, Hepplemeyer no pudo más que repetir lo que declaró a la policía una vez que hubieron guardado el aro bajo una guardia permanente las veinticuatro horas del día.
- Pero, ¿dónde está? - era la pregunta.
- No sé - era la respuesta.
La pregunta y la respuesta eran las mismas en el destacamento local y en la Central de la Policía, sólo que dada la posición de Hepplemeyer el Comisionado lo llevó a su despacho privado (ya era la medianoche) y le preguntó, implorándole:
- ¿Qué hay del otro lado de ese aro, profesor?
- No lo sé.
- Eso dice usted todo el tiempo. Pero usted hizo ese aro.
- Nosotros construimos las dínamos. ¿Sabemos cómo funcionan? Hicimos la electricidad. ¿Sabemos lo que es?
- ¿Lo sabemos?
- No, no lo sabemos.
- Eso no importa. Los padres de Silverman han llegado de Filadelfia, y han traído a un abogado y como quince reporteros, y todos quieren saber adónde está el chico, y amenazan con no sé cuántos juicios y demandas.
Hepplemeyer suspiró.
- Yo también quiero saber dónde está - dijo.
- ¿Qué podemos hacer? - imploró el Comisionado.
- No lo sé. ¿No cree que debería arrestarme?
- ¿De qué lo acuso? ¿De negligencia, asesinato, secuestro? Nada se ajusta a lo ocurrido.
- Yo no soy policía - dijo Hepplemeyer -. Y si me arrestara, estorbaría mi trabajo.
- ¿Está vivo el muchacho?
- No lo sé.
- ¿Puede contestar una sola pregunta? - dijo el Comisionado con cierta exasperación
- ¿Qué hay del otro lado del aro?
- En cierto sentido, la universidad. En otro sentido, alguna otra cosa.
- ¿Cómo?
- Otra parte del espacio. Una secuencia distinta de tiempo. La eternidad. O Brooklyn. No sé.
- Brooklyn no. Ni ninguna otra parte de Nueva York, o el chico ya habría vuelto. Es muy raro que usted haya inventado esa cosa y ahora no sepa nada de ella.
- Sé lo que se supone que debe hacer - dijo Hepplemeyer disculpándose -. Curvar el espacio.
- ¿Lo hizo?
- Probablemente.
- Tengo cuatro policías que están dispuestos a atravesar el aro. Voluntarios. ¿Usted estaría de acuerdo?
- No.
- ¿Por qué no?
- El espacio es algo muy especial, a lo mejor ni siquiera existe - contestó el profesor con la dificultad del hombre de ciencia cuando intenta explicar una abstracción a un lego -. El espacio es algo que no podemos comprender.
- Hemos llegado a la luna.
- Precisamente. Es un lugar incómodo. Suponga que el muchacho esté en la luna.
- ¿Está en la luna?
- No sé. Podría estar en Marte. No me gustaría arriesgar a cuatro policías.
Entonces, con el ingenio o la ingenuidad propia de las personas que aman a los animales, arrojaron a un perro por el aro. Desapareció.
Durante las semanas siguientes pusieron de guardia a un policía mientras el profesor pasaba el día entero en los tribunales y la tarde con sus abogados. Tuvo tiempo, sin embargo, para conferenciar con el intendente tres veces.
La ciudad de Nueva York tenía una bendición: su intendente era un hombre de ingenio e imaginación. El profesor Hepplemeyer soñaba con el espacio y el infinito, mientras que el intendente soñaba con ecología, los desperdicios y las finanzas. Por eso no es de extrañarse que al Intendente se le ocurriera una idea para cambiar el curso de la historia.
- Déjenos intentarlo con un solo tacho de desperdicios - le rogó el Intendente al profesor Hepplemeyer -. Si resulta, podría ganar un tercer Premio Nobel.
- No quiero otro Premio Nobel. No merecí los otros dos. Ya tengo bastante culpa por eso.
- Puedo convencer a la junta de Presupuesto a que paguen las costas del caso Silverman.
- Pobre muchacho. ¿Va a cargar la junta con mi culpa?
- Lo va a hacer millonario.
- Eso es lo que menos me gustaría ser.
- Es su obligación para con la humanidad - insistió el Intendente.
- La universidad no lo va a permitir.
- Deje la universidad por mi cuenta - dijo el Intendente.
- Es inmoral - dijo Hepplemeyer con desesperación. Y luego se dio por vencido. Al día siguiente un camión recolectar de basura, repleto, dio marcha atrás hasta el lugar en que estaba emplazado el aro.
En Nueva York cualquier cosa en seguida se convierte en un happening. Por otra parte, no hay nada más poderoso que una idea cuando le ha llegado el momento. Por estas dos razones, la brillante idea del Intendente circuló por la ciudad como pólvora. Allí estaban presentes las cámaras de los canales de televisión, la prensa local y nacional, de diez a quince mil estudiantes, curiosos de la zona, y también la prensa internacional, que sólo aparece para acontecimientos de resonancia mundial. Este era uno de esos acontecimientos, ya que el talento para hacer basura es genérico a la humanidad y probablemente su principal función, como una vez tuviera la poca delicadeza de afirmar George Bernard Shaw. Por cierto, el cómo librarse de la basura era un problema que compartía toda la humanidad.
Chirriaron las cámaras y cincuenta millones de personas observaron sin pestañear por unos instantes las pantallas de sus televisores mientras el gran camión de Sanidad se acercaba a destino. Anotamos, por su interés histórico, que el conductor era Ralph Vecchio y Tony Andamano su asistente. Andamano, podríamos decir, parado en el arco iris de la historia, daba indicaciones a Vecchio con tranquilidad y eficiencia:
- Un poco más, Ralphy, un poquito más. Despacio. Dale un poco más. Despacito, despacito. Muy bien. Ya está.
El profesor Hepplemeyer estaba parado junto al Intendente, musitando en voz muy baja a medida que el mecanismo del vaciado de desperdicios empezaba a funcionar. Entonces los desperdicios comenzaron a fluir a través del aro. No se oyó ningún sonido proveniente de la multitud por unos momentos, pero cuando la basura desapareció, en dirección al infinito o a Marte o a alguna otra galaxia, se oyó un grito triunfal de tal magnitud que parecía adecuado a la salvación de la raza humana.
Ese día nacieron los héroes. El intendente se convirtió en héroe. Tony Andamano se convirtió en héroe. Ralph Vecchio fue un héroe. Pero sobre todo el profesor Hepplemeyer, cuya fama igualaba su tristeza. Por ley especial del Congreso se creó la Medalla Nacional de Ecología, que fue otorgada al profesor Hepplemeyer. Lo hicieron coronel de Kentucky y ciudadano honorario del Japón y de Gran Bretaña. Japón le ofreció inmediatamente diez millones de dólares por un solo aro, y contratos de un billón de dólares por cien aros. Le fueron otorgados títulos honorarios de dieciséis universidades, y la ciudad de Chicago mejoró la oferta del Japón a doce millones por un solo aro. La competencia entre las ciudades de Estados Unidos se convirtió en carrera frenética, ocupando el primer lugar Detroit con una oferta de cien millones de dólares por el primer (más bien segundo) aro que construyera Hepplemeyer. Alemania no requirió un aro, sino el principio, que lo regía, y manifestaron que estaban dispuestos a pagar medio billón de marcos, recordando gentilmente al profesor, al mismo tiempo, que por lo general se prefería el marco al dólar.
Mientras tomaban el desayuno, la esposa de Hepplemeyer le recordó que aún no habían pagado la cuenta del dentista, a quien le debían mil doscientos dólares por el trabajo de ortodoncia.
- Sólo tenemos setecientos veintidós dólares en el banco - dijo el profesor con un suspiro -. Quizá sea conveniente que pidamos un préstamo.
- No, no. Eso no. Estás bromeando - dijo su mujer.
El profesor la miró, sorprendido.
- La oferta de los alemanes - dijo ella. - Ni siquiera tienes que construir el maldito aparato. Todo lo que necesitan es el principio.
- En muchas oportunidades me he preguntado si después de todo no es la ignorancia sino la devoción al principio de la dualidad la responsable por todos los males de la humanidad.
- ¿Qué?
- La dualidad.
- ¿Te gustan los huevos? Los compré en el Supermercado Pioneer. Son siete centavos más baratos, y de los más grandes.
- Son muy buenos - dijo el profesor.
- ¿Qué demonios quiere decir dualidad?
- Todo. La manera en que pensamos. El bien y el mal. Blanco y negro. Mi camisa, la tuya. Mi país, el tuyo. Es la manera en que pensamos. Nunca pensamos en una cosa, en un todo, una unidad. El universo está fuera de nosotros. Nunca se nos ocurre pensar que nosotros estamos dentro de él.
- Realmente no puedo seguirte, - respondió su mujer con paciencia -, pero, ¿quieres decir acaso que no vas a construir más aros?
- No estoy seguro.
- Eso quiere decir que estás seguro.
- No, sólo quiere decir que no estoy seguro. Tengo que pensarlo.
Su esposa se levantó de la mesa, y el profesor le preguntó adónde iba.
- No estoy segura. Voy a tener un horrible dolor de cabeza o a saltar por la ventana. Tengo que pensar sobre eso también.
La única persona que estaba absolutamente segura acerca de sí misma era el intendente de la ciudad de Nueva York. Durante ocho años había tenido que ocuparse de problemas que no tenían solución, y no había ninguna organización en la ciudad, ya fuera entre los sindicatos, las sociedades vecinales, de consumo, o tropas de Boy Scouts, que no lo hubieran elegido como chivo expiatorio. Por fin parecía que se le mejoraban las cosas, y se sentía tan agradecido al aro que hubiera dado armas a sus ciudadanos y levantado barricadas si alguien amenazaba tocarlo o interferir con él. Había un cordón policial permanente alrededor del aparato, y continuamente una procesión interminable de camiones de basura atravesaba la universidad de Columbia para vaciar los desperdicios a través del aro.
En las oficinas de Urbanización y Planeamiento los técnicos no dormían, tratando de idear un sistema para que todas las cloacas desembocaran en el aro. Era un momento decisivo, y no importaban los ruegos de los intendentes de las ciudades vecinas, que querían que sus ciudades fueran incluidas en el proyecto.
El intendente se mantenía firme. No había ninguna hora de las veinticuatro del día, ni siquiera un minuto de los sesenta que hacen una hora, sin que un camión no estuviera vaciando su carga de desperdicios en el aro. Tony Andamano, que había sido ascendido a inspector, no se movía del aro, acompañado de un grupo de ayudantes cuya tarea específica era controlar que la basura fuera descargada al infinito en forma correcta.
Naturalmente, la presión local, luego nacional y por fin mundial, siguió creciendo. Se insistía en que se desarmara el aro y se lo reprodujera fielmente. Los japoneses, que siempre habían sido expertos en reproducir y mejorar cualquier cosa que se inventara en Occidente, fueron los primeros en presentar la moción en las Naciones Unidas. Luego los siguieron medio centenar de países. Pero el intendente había tenido una larga charla con Hepplemeyer. Fue más o menos así, si es que se puede confiar en las memorias de Hepplemeyer:
- Quiero una respuesta directa y honesta, profesor. Si lo desarman, ¿podrán reproducirlo?
- No.
- ¿Por qué no
- Porque no conocen la matemática. No es una transmisión de automóvil, en absoluto. Naturalmente.
- ¿Existe una posibilidad de que lo puedan reproducir?
- ¿Quién sabe?
- Supongo que usted lo sabrá - dijo el intendente -. ¿Puede reproducirlo usted?
- Yo lo hice.
- ¿Hará otro?
- Quizá. He estado pensando en ello.
- Ya ha pasado un mes.
- Yo no pienso muy rápido - dijo el profesor.
Entonces el intendente hizo una declaración histórica: «Cualquier intento por interferir con el funcionamiento del aro será considerado como una trasgresión de los derechos constitucionales de propiedad de la ciudad de Nueva York, y será resistido con todos los medios, legales o no, de que disponga la ciudad».
Los comentaristas se embarcaron de inmediato en una discusión de lo que quería significar el intendente con «Medios no legales», mientras el gobernador, que nunca había sido amigo del intendente, le hacía juicio ante la justicia federal defendiendo el derecho de todos los municipios del estado de Nueva York. La NASA, por otra parte, burlándose de la sugerencia de que existían secretos científicos sin solución, dedicó todos sus cerebros electrónicos a la empresa de resolver este problema. Los rusos hicieron la predicción de que ellos tendrían su propio aro en sesenta días. Sólo los chinos parecían divertirse, ya que ellos transformaban casi todos los desperdicios en una especie de estiércol orgánico, y eran demasiado pobres y económicos como para que les preocupara el problema. Pero los chinos estaban demasiado lejos como para que su diversión suavizara los ánimos de los norteamericanos, y la ira empezó a crecer día a día. De héroe excéntrico, el profesor Hepplemeyer empezaba a convertirse en enemigo público número uno de la ciencia. Ahora se lo acusaba públicamente dé comunista, loco, egomaníaco y, para colmo, asesino.
- Me siento muy incómodo - le confesó el profesor a su mujer. Ahora que evitaba aparecer en la televisión y se negaba a dar conferencias de prensa, ventilaba sus ansiedades y se confesaba ante la mesa del desayuno.
- Hace treinta años que sé lo testarudo que eres. Ahora, por lo menos, lo sabe el mundo entero.
- No es que sea testarudo. Es un asunto de dualidad, como te dije.
- Todos los demás dicen que es un asunto de basura. Todavía no has pagado la cuenta del dentista. Hace cuatro meses que está vencida. El doctor Steinman nos ha demandado.
- Vamos, tranquilízate. Los dentistas no presentan demandas.
- Dice que en potencia eres el hombre más rico de la tierra, y eso justifica su demanda.
El profesor estaba haciendo garabatos en la servilleta.
- Notable - dijo -. ¿Sabes qué cantidad de basura han echado por el aro?
- ¿Sabes que podrían pagarte por cada kilo que tiran? Hoy llamó un abogado que quiere representar...
- Más de un millón de toneladas - interrumpió él -. ¿Qué te parece? ¡Más de un millón! Somos criaturas maravillosas. Durante siglos los teólogos buscaron una explicación teleológica para la humanidad, y nunca se le ocurrió a nadie que somos fabricantes de basura, y nada más que eso.
- Dijo que podrían darte cinco centavos por tonelada.
- Más de un millón de toneladas - dijo, pensativamente -. Quién sabe dónde estarán.
Exactamente tres semanas más tarde, a las cinco y veinte de la mañana, apareció la primera grieta en el asfalto de Wall Street. Era una fisura bastante común, de las que aparecen en muchas calles de una ciudad, y no había nada extraño, como para alarmar a nadie, sólo que no era una grieta estática. Entre las cinco y veinte y las ocho y veinte duplicó su extensión, y alcanzó una pulgada de ancho. El olor que salía llamó la atención de las multitudes que iban a sus empleos, y se corrió la voz de que había una pérdida de gas.
A las diez los camiones de la compañía de gas estaban en el lugar examinando las válvulas, principales, y para las once la policía había hecho un cordón de vigilancia. La grieta, que se extendía en toda la extensión de la calle, tenía ya ocho pulgadas de ancho. La gente hablaba de un terremoto, pero cuando se hizo averiguaciones en la universidad de Ford, la información fue que no se registrada nada fuera de lo común en el sismógrafo, excepto, tal vez, unos temblores muy débiles. De cualquier manera, nada que pareciera un terremoto.
Cuando las calles se llenaron de gente a la hora del almuerzo, el olor rancio y desagradable hizo que una media docena de personas de estómago delicado se descompusieran. Para la una, la grieta era de más de un pie de ancho. Además, se habían roto varias cañerías de agua, y la compañía de electricidad se vio obligada a cortar las líneas de alto voltaje. A. las dos y diez minutos aparecieron los primeros desperdicios.
Los desperdicios surgían de la grieta, que después de una hora ya tenía tres pies de ancho, con lo que los edificios empezaron a moverse, aparecieron grietas y cayeron algunos ladrillos. Entonces la basura comenzó a amontonarse en Wall Street como si fuera lava proveniente de un volcán en erupción. Cerraron las oficinas, y huyeron los empleados, los banqueros, los corredores de bolsa y los secretarios, todos vadeando en medio de un mar de basura. A pesar de los esfuerzos de la policía y de los bomberos, a pesar de los heroicos salvamentos de los o quipos de helicópteros de la policía, ocho personas perecieron entre la basura o quedaron atrapadas en algún edificio. Para las cinco de la tarde la basura en Wall Street tenía diez pisos de alto y por un extremo caía en Broadway y por el otro a East River Drive. Entonces, como un volcán primigenio, estallaron las represas, y por espacio de una hora llovió basura sobre la isla de Manhattan igual que en el pasado habían llovido cenizas sobre Pompeya.
Y luego todo terminó, de repente, con extraña rapidez, con tanta rapidez que el intendente no abandonó su despacho, sino que se quedó sentado observando por la ventana la alfombra de basura que rodeaba el palacio de la Municipalidad.
Tomó el teléfono. Funcionaba todavía. Discó, utilizando su línea particular, y los impulsos eléctricos atravesaron la montaña de desperdicios, y sonó el teléfono en el estudio del profesor Hepplemeyer.
- Hepplemeyer - dijo el profesor.
- Habla el intendente.
- Oh, sí. Ya estoy enterado. Lo siento muchísimo. ¿Terminó ya?
- Parece haber parado - dijo el intendente.
- ¿Y Ernest Silverman?
- Ni rastros de él - dijo el intendente
- Bueno, muy atento en llamarme.
- Aquí está toda la basura.
- ¿Alrededor de dos millones de toneladas? - preguntó el profesor con dulzura.
- Kilo más o menos. ¿Le parece que puede traer el aro...?
El profesor colgó el receptor y fue a la cocina, donde, su mujer estaba preparando la comida. Le preguntó quién había llamado.
- El intendente.
- ¿Qué quiere?
- Quiere que trasladen el aro.
- Es muy atento en consultarte.
- Si, por cierto - dijo el profesor -. Pero tengo que pensarlo.
- Es natural que lo hagas - dijo ella con resignación.

Howard Fast

lunes, marzo 27, 2006

En el asfalto caliente...

Un pedazo de la existencia. Estamos hablando de una aparición, una lluvia que cae en el cuerpo y cura las ansias de buey para volver a encenderlas cuando quiera. Algo que roza el pecho por la noche, algo que acaricia el alma cuando amenaza el alba.
Una gota de rocío en el lagrimal. Una felicidad innombrable. Un modo de vengarse del hastío. Un placer abismal.
Un modo de amar.
Y despierta esa mirada, todos los sentidos, el baile, la sangre, el alma. Pétalos que me rozan la carne y prenden un fuego inapagable sin la gracia de tu boca. Con piel de gallina recibo la bendición de tu caricia y tu risa que calma la sed.
Al son de tus movimientos mi cáscara se rompe, la máscara. Me entrega vida tu cercanía, tus mimos que lastiman.
Fuerte, muy fuerte, sonrío. Mis dientes tensos como el acero. Sonrisa de infinito. Hasta que vos sonreís y es el paraíso...
Las sombras esconden la cara de niño desesperado. Los fuegos alumbran al hombre encendido. El calor muestra el acorazado cuero de la pasión que a surgido.
Rojo vivo, voy,
carbón, ebullición, soy
con tu cuerpo estoy.

Un Peatón.

domingo, marzo 26, 2006

Amigo

Tu eres mi hermano del alma realmente el amigo
que en todo camino y jornada está siempre conmigo
aunque eres un hombre aún tienes alma de niño
aquel que me da su amistad, su respeto y cariño

Recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos
y tu no cambiaste por fuertes que fueran los vientos.
Es tu corazón una casa de puertas abiertas,
tu eres realmente el más cierto en horas inciertas.

En ciertos momentos difíciles que hay en la vida,
buscamos a quién nos ayude a encontrar la salida.
Y aquella palabra de fuerza y de fe que me has dado
me da la certeza que siempre estuviste a mi lado

Tu eres mi amigo del alma en toda jornada
sonrisa y abrazo, testigo a cada llegada
Me dices verdades tan grandes con frases abiertas
tu eres realmente el más cierto de horas inciertas.

No preciso ni decir todo eso que te digo
pero es bueno así sentir que eres tú mi gran amigo
No preciso ni decir todo eso que te digo
pero es bueno así sentir que yo tengo un gran amigo
No preciso ni decir todo eso que te digo
pero es bueno así sentir que eres tú mi gran amigo

Roberto Carlos